De la piel: Es como quién dice o no dice de ella, que provoca el deseo, excita lo deseante; que es comunicable mientras se posee, el deseo y lo que lo excita, y que en el momento después, como si de un éxtasis se tratara, no queda nada. Como de todo tratado, nunca queda nada. Y sí, es una inmensa realidad la excitabilidad estética la que queda, la que se realiza en cada sí mismo, como si de su naturaleza se tratara. Todo es un tratado, pero el tratado en este libro, es lo que se destruye en ese mismo momento en que es poseído; poseer al otro, es destruir el tratado. Queda la piel vaciada del cuerpo, el cuerpo vaciado de la piel, como la palabra. Es el exterminio de la palabra, que ya no dice, de la piel. Y la piel, ya no es sutura de herida causada en el cuerpo, por el éxtasis o el frenesí del deseo. La palabra es el cuerpo, sin piel, desollado. Estética del desollamiento, que se vive en y por la palabra.
De la noche: Lo que en ella misma se dice, o sea, que la noche, no es la noche para nadie, en la medida, en que ella se dice a sí misma, pero sin decirlo nunca a nosotros, que la vemos, que la percibimos, que la vivimos como noche. Y quizá ella, en su noche, no sea, tampoco medianoche, sin que pueda decirse, porque ella gravita en otra noche, se mueve en otra noche, y nosotros no conoceremos nunca su noche. Y así, ella, la noche es un misterio, inclusive, en un libro, o no. Extiende la noche su noche. Es su manera de decir, lo indecible.
Sobre: Es como aquello que se desea (“La libertad, el deseo: Robert Desnos), que se quiere llevar sobre sí mismo; ser el quién tiene el conocimiento gnóstico de la noche y de la piel, de la místicas raras por la membrana de lo sutil y lo sublime, y que por lo tanto, hacen en esa provocación sobre sí mismo, una catarsis, que le condenará más a sus visiones, a sus obsesiones, a su mundo surreal, de la manera, que se excita para hacerlo; porque nada es, sin incitación o excitación de los sentidos en la piel y la noche, cuando se transformará en un aracné, qué se siente observado por otros, en su total desnudez, irritante y escandalosa de su palabra, que viene a diseminarse sobre un libro. Extracción de un éxtasis, es este libro.
Y así es como el poeta Sergio Guardo, un poeta inalámbrico, ya en el libro, nos lo dirá o no, nos exhibe sus vertebras de animal vertebrado, y nos comunica la substancia de una valva, invertebrada, sin palabra, pero con una caparazón estridente y cerebral. Poesía vertebrada e invertebrada. Masa tentacular de sentido, que se irradia desde lo vertebrado y lo invertebrado de lo sublime kantiano.
Medellín, 21 de Mayo de 2025.
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