Los deformes retazos
de los que estoy hecho
fueron arrojados
desde las orillas de mis infiernos
en este frío desierto
me confunde
el contorno de tu sombra:
Intento dilucidar
si eres
efigie
el recorte de la luz
un ser alado
recuperándose de tanto viento
el tenso arco de mi cuerpo
la flecha que -suspendida-
nos recuerda mil amaneceres
la arena que se eleva
en turbias volutas
dibujando el ardor
de mis pupilas
El prejuicio de existir (una aguja traspasando ambas orejas) Habiendo perdido la capacidad de escuchar los cuerpos que nos rodean y -desde nuestra pupila- dan forma a nuestro halo, las miradas unidas en cada una de sus imposibilidades esbozan convenientes bienestares. En otro sitio , temblando, alguien sostiene un mundo sobre sus pestañas; uno en el que dioses repiten inmortales fieles que pendulan colgados de sus propios tiempos. Menester es despertar y convertirse en montaña o al menos dejar de ser tan Sísifos
Rizomático
encamino mi nada
hacia el eco
de los gritos olvidados.
Sé que éste
, el otro inicio,
disolverá algunas
huellas
Logrará
convertirse en semilla;
poblar la bruma
dentro de este quebrado cuenco.
Los tiempos vendrán
como los vientos llegan:
en atardeceres
aparentemente sombríos;
escaques presagiados
en esta cuadrada soledad
O léelo GRATIS con tu suscripción a Kindle Unlimited